Edición 3 de Septiembre 15, 2.006

martes, octubre 24, 2006

¿CÓMO ES LA MÚSICA DE UN BURDEL?

Por: Rafael Ricardo Ramírez Díaz
razkamelas@hotmail.com

La gloriosa calle 22 con Caracas, un reconocido sitio en donde los bogotanos pueden encontrar desde la mujer más bella hasta el travesti más impresentable, he aquí todos estos lugares de entretenimiento adulto que tienen algo en común, la música.

Es mas, en todos los bares de Bogotá es común, y sí, se trata del reggaetón, este ritmo caribeño de sabor tropical y raíces portorriqueñas que nos persigue hasta en la buseta, algo es muy cierto y es que en un promedio de 3 horas en cualquier establecimiento de estos, el 85 por ciento ponen solo reggaetón, parece que no existiera ninguna otra música sobre el planeta, aunque indudablemente las mujeres si que saben moverse con este ritmo y a pesar de todas las vulgaridades y morbo que trae este “género”, en un sitio de estos toma un verdadero sentido y significado escuchar cualquier tema de estos.

Este ritmo sin duda es el más apropiado para cierto tipo de acciones. Si nos ubicamos en un bar normal es decir una discoteca, podremos observar que en ningún otro tipo de música se muestra tanto el ‘restregón’, manito va, manito viene, sube la temperatura…

Ya en un burdel las mujeres se ganan el pan de cada día con esto, no se lo restriegan a nadie... bueno no en show público, pero preparan una coreografía que vaya de acuerdo con el “beat” de la canción en un juego de seducción que deja ver a la mujer como figura estética y simbólica del arte.


Eso hablando solamente del ritmo, las líricas son otra cuestión y definitivamente van más acorde en un burdel que en cualquier otro lugar, palabras como “machuqueando”, “perrea”, encajan perfectamente al ver a una mujer despojarse de sus vestiduras con un ritmo sensual ¿Pero como hacían cuando no existía el reggaetón? Afortunadamente existe la música electrónica ya que alguna vez tuve la mala experiencia de presenciar un espectáculo de estos con “One de Metallica” en el fondo, obviamente estas niñas se desvisten hasta con “las mañanitas” pero claramente tiene mas gracia verlo con un fondo musical adecuado.

Acompañando al reggaetón, también tenemos la tandita del “merengue sandungueado” y de la “salsa rosa”, dichos ritmos no pueden faltar ya que algunos clientes van solo a bailar o se la bailan y luego van a concretar el asunto, de paso aprovechan para preguntar minucias como el nombre, que tal el trabajo, que le gusta etcétera…

En el clímax de la noche sale la niña más linda y agraciada a hacer su debut, generalmente estas niñas van chapadas a la antigua por decirlo así y prefieren un ritmo mas trabajado como lo es la música electrónica, este ritmo tiene algo particularmente especial, tan solo con escucharlo incita demasiado a consumir alcohol y aun siendo el peor bailarín que se encuentra en el sitio es tanta la iniciativa que hace tomar esta música que resulta el individuo moviendo los brazos con el trago en la mano y la cabeza abajo.

Ya entrada la madrugada no puede faltar la tanda para echar a la gente y resulta la combinación de música desde los 70’s, hasta “quererte fue un error del charrito negro”, esta mezcla macabra realmente no le importa a la gente ya que para ese momento deberían estar lo suficientemente borrachos que ni siquiera diferenciarían una mujer de un travesti.

Esto de los burdeles definitivamente es un buen negocio y mezcla dos de los peores vicios del hombre, mujeres y alcohol que no serian nada sin un fondo musical apropiado.

Foto: “El Castillo” Juan David Betancourt.

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